«No solo los migrantes viven este Viacrucis, si no también los mismos mexicanos»»
*Por: VH / Espacio Noticias / Enviado*
*Tapachula, Chiapas, México.-* Pasar de Guatemala a Tapachula le costó a Juan, un migrante que busca llegar a Estados Unidos, el equivalente a mil pesos mexicanos, pero de los cinco mil que tenía, el resto se los robaron unos policías que lo abordaron en esta ciudad chiapaneca, supuestamente para ayudarlo.
Juan cruzó junto con cientos de personas guatemaltecas, hondureñas y salvadoreñas que ven el destino de Tapachula como un paso enorme para continuar su sueño de ir al norte, de preferencia hasta el poderoso país norteamericano, pero si no se puede, al menos para quedarse en algún estado mexicano donde encuentren trabajo.
Al mes, miles de migrantes pasan por este punto fronterizo entre Guatemala y México, pero aquí, en este primer destino, donde deben sortear todo tipo de peligros, desde los secuestros y las extorsiones, hasta la trata de mujeres y niños con fines sexuales.
La historia de otro migrante que únicamente se identifica como Alex y se niega a revelar su nacionalidad, aunque obviamente no es mexicano, ilustra los riesgos de la descontrolada migración que padece esta ciudad mexicana que es amplia receptora de personas de otros países.
Alex cruzó a Chiapas con dos objetivos: encontrar a su hermana, a quien presumiblemente un taxista se la llevó dizque para ayudarla a continuar su viaje; y emprender la marcha hacia el norte, para luego poder traerse a su familia a darle una vida mejor.
Ni uno ni otro sueño ha podido cumplir pues, de acuerdo a lo que ha podido investigar, su hermana no fue ayudada sino secuestrada por el integrante de alguna banda de tratantes de mujeres, a quienes enganchan ofreciéndoles supuestos trabajos para hacer algo de dinero para que puedan seguir migrando; lo peor que sospecha es que su hermana esté esclavizada o muerta.
Las bandas del crimen organizado controlan desde la venta de drogas, en la que también enganchan a migrantes, hasta los secuestros y extorsiones por unos cuantos pesos, pues mantienen cautivos a los migrantes, consiguen forma de comunicarse con sus familias en sus países de origen y las llaman para exigirles transferencias, así de escasos mil o tres mil pesos mexicanos. En el mejor de los casos, conseguido algún rescate de la empobrecida economía de las familias, los liberan o abandonan en algún punto lejos de la zona urbana fronteriza.
Otros, sobre todo mujeres y niños, quedan expuestos a depredadores sexuales que con falsas promesas de ayuda también los secuestran con otros fines y los desaparecen.
La dramática situación sólo es documentada en cifras por los gobiernos de México, Estados Unidos y Guatemala; la estimación oficial es que al año unos 300 mil guatemaltecos dejan sus ciudades de origen para cruzar la frontera; alrededor de 100 mil sólo quieren llegar al primer país, pero la mayoría tienen la idea de viajar hasta Norteamérica. Son en realidad pocos los que lo logran.

