(Galería) Algarabía, leyendas y disfraces, en Día de Muertos

Las enormes catrinas de 3 metros recibían ayer a los miles de asistentes que visitaron, en el Panteón La Colina, a sus seres queridos por el Día de Muertos.

Cargando sus ramos de cempasúchil, decenas de niños corrían a posar frente a la falda de la calaca hecha a mano junto con otras dos que colocaron en el altar, al lado de un perrito que también fue una de las mayores atracciones.

«Mamá, mamá, tómame una foto ahora así», decía la mayoría de los niños, quienes acudían con sus padres, abuelos, primos y a veces hasta los vecinos, a limpiarle la tumba a sus difuntos y dejarle una que otra ofrenda para cenar, eso sí, con sus respectivas flores para adornar.

Esa era, a primera vista, la entrada al panteón, en donde en punto de las 5:00 de la tarde comenzaron las actividades del festival ‘Reencuentro con la vida’, al que días atrás invitó el dueño de La Colina. Había misa más temprano, pero ‘lo mero bueno’, decía la gente, llegaba cuando caía la noche.

Había también unas calaveras gigantes, pintadas con íconos de la cultura chihuahuense, el nopal, el desierto y unos retratos de Frida Kahlo que se escaparon y llegaron hasta el altar de la funeraria, dedicado a la artista mexicana, famosa por el surrealismo en sus pinturas y por su característica ‘cejota’.

«Mira amor, ¿me tomas una foto en esta calavera?», preguntaba uno de los asistentes, que dejó el cachorro que llevaba en los brazos y posó junto a la calaca totalmente blanca, pálida como algunos de los niños más chicos que se asustaban al ver a tanta gente disfrazada de la muerte.

Tanta flaquita, menor de quince años, vestida de novia y tanto pequeño catrín, estaban ahí por el concurso de disfraces, en el que el primer lugar se llevaría un vale por mil pesos para gastar en una juguetería local, mientras que el segundo y tercer lugar ganarían un pase para ir a dos diferentes restaurantes dedicados a celebrar a los niños.

Tan buenos eran los disfraces que los jueces morían de miedo, pero por no saber a cuál elegir. «Piénsele bien», decía el presentador a las juzgadoras, «no vaya a ser que elijan al que no es y miren que hay mucha gente ahorita que las puede agarrar saliendo», advertía en tono de broma.

En tanto, otros asistentes pasaban de largo, pues eran más solemnes y más callados. Cruzaban el escenario, el templete y sin mediar palabra llegaban hasta donde reposan los restos de sus deudos. «Mamita querida, aún te extraño, pero ya llegué para limpiarte tu casita», se alcanzaba a escuchar en una de las lápidas que estaban cerca de la muchedumbre.

Ahí, una mujer y su hijo limpiaban con agua y un cepillo el mármol de una vieja tumba. El pequeño miraba con asombro, desde lejos, a un hombre disfrazado de apache que estaba listo para dar los recorridos por el panteón a quienes se formaran detrás de él.

«Ustedes ser la tribu Chiricahua», gritaba el indio por el alto parlante. «Ustedes ir conmigo a recorrer este panteón y gritar para despertar a nuestros familiares dormidos», decía el hombre perteneciente al grupo de Chihuahua Bárbaro y que estaba caracterizado para acompañar a un grupo de visitantes a recorrer el panteón, a través del cual les contaron varias leyendas del estado de Chihuahua.

La Catrina les dio la bienvenida a quienes caminaban de prisa y que golpeando su mano con su boca hacían el grito típico de los apaches. La calaca les habló de su historia, de Guadalupe Posada, Frida Kahlo y Diego Rivera, quienes la hicieron famosa en México y otras tierras.

Después fueron a ver a ‘La Planchada’, quien narró su historia en el Hospital Central y su muerte estando embarazada. También pasaron con ‘La Llorona’, en una adaptación a la historia original de la mujer que ahogó a sus hijos en un río de Meoqui, sólo que está vez fue una revolucionaria, que tras ver fusilados a sus hijos, volvió loco al general del cuartel.

Estaban también La Pascualita, luciendo su vestido blanco y la piel del mismo color. Narró cómo el día más feliz de su vida se convirtió en el primero de su muerte y el sufrir del día a día al ver cómo la gente continúa como si nada mientras ellas los ve desde el aparador de la Casa de Pascualita y los sigue con su mirada.

La última, y quizá más tenebrosa según dichos de chicos y grandes que pasaron por el recorrido, fue el de ‘La dama elegante’, que explicó como cada noche toma un taxi, recorre los 7 templos y vuelve al panteón.

El festival contó también con un espectáculo de fuego, elevación de plegarias al cielo con globos y misas para 500 personas en dos horarios.

De acuerdo con los organizadores, durante todo el Día de Muertos esperaban la asistencia de 27 mil personas; sin embargo, este año acudieron cerca de 10 mil más, según las primeras estimaciones. Esto, sin contar a aquellos que llegaron en auto a ver a sus deudos que reposan en cenizas en la última fila del panteón La Colina.

Por: AM

 

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