“Bienvenidos al taller de Santa, aquí hacemos que la magia suceda, pueden tomarse fotos en cualquiera de las estaciones y al final del recorrido podrán tomarse ¡una foto con Santa!”.
Con esas palabras recibe una “duendecita” a los niños que, acompañados por un adulto, entran a la atracción instalada en la Plaza de Armas, justo enfrente de la Presidencia Municipal.
Los pequeños entran entusiasmados, con la ilusión de ver una fábrica de juguetes, duendes trabajando, renos listos para volar y por supuesto de conocer al mismísimo Santa Clós en persona.
Sin embargo, desde la entrada -decorada con luces, montones y montones de cajas envueltas en papel de regalo-, se puede ver la salida, lo que da a saber que será un recorrido corto, que en efecto lo es.
65 pesos por persona (entrada general dice en la taquilla) cuesta entrar a una “fábrica” en la que hay 5 mini estaciones y una “última parada” en la que se pueden tomar la fotito con el rey de la Navidad.
La primera estación está a unos pasos de la entrada. Nada fuera de lo común. Un árbol adornado con luces de colores y muñecos de peluche de Minnie Mouse. No hay juguetes, no hay bandas de producción, ni renos practicando. Sólo un árbol y más cajas envueltas con papel de regalo.
“Si gustan pueden tomarse fotos, adelante, si gustan yo les tomo la foto”, dice la duendecilla quien intenta animar desde un inicio a los menores. “Cuando todos se tomen la foto pasamos a la siguiente estación”.
A menos de un metro está la siguiente parada. Un trineo, chico en verdad, parecido a los juguetes montables para niños. Lleva otro árbol de Navidad, también con luces, esferas, escarcha y más cajas de supuestos regalos terminan la escena. No hay mucho qué explicar, es el trineo de Santa. Ahí, ofrecen tomar otra foto. Algunos niños del recorrido pasan sin mirar.
“Las cartas de Santa”, dice uno de los más chicos. Otra mujer disfrazada de ayudante explica que son los deseos de muchos niños para esta Navidad, divididas entre los que “sí se portaron bien y los que quizá no se portaron bien, pero que el próximo año pueden mejorar”. Un consejo destacable para los “peques”, si este año no hicieron caso a sus papás o no les fue bien en la escuela el próximo “échenle más ganas”. En esa parte tanto los niños como los adultos se muestran bastante satisfechos.
Luego está la estación de deportes, en donde un duende más alto que algunos de los visitantes, explica que los deportistas (que no tienen que ver mucho con la Navidad) les ayudan a cargar las cajas de regalos, los muñecos y demás. Un poco forzada la estación, pero las fotos con los atletas son quizá las que más llaman la atención en todo el taller. “Poses de fortachones, hagan poses de fuertotes”, les dice a los niños, quienes de inmediato corren a tomarse fotos con los maniquíes vestidos con los uniformes de los equipos locales. “Yo también quiero una foto con estos”, grita uno de los padres que va con 3 niños. “A mi también tómame una”, dice otro de los jóvenes que iban en el recorrido a su novia.
Más adelante está otra estación, pasa desapercibida. No hubo parada. Era algo de la CocaCola porque tenía tráileres y camiones de dicha refresquera. Ahí a nadie la llamó la atención tomarse fotos.
Al fin termina el recorrido con Santa Clós como broche de oro. Son 120 para la foto con Santa Clós. “No manches, aparte de la entrada ¿tenemos que pagar la foto?”, cuestiona molesto el padre con 3 niños. La cuenta se pasó del presupuesto, explica. Fueron más de 200 pesos por entrar y 120 más por “llevarse un recuerdito”. Así que piensan que es mejor tomarse una selfie con el celular.
“Están prohibidas las fotos con teléfonos”, le explica el fotógrafo que está en el lugar. “Puede tomarse la foto y verla, si le gusta, la compra, sino, pues no”.
“No manches casi 300 pesos por el recorrido”, se queja el señor. “Ándeles pues niños, vayan con el Santa Clós, de perdida pa’ que valga la pena el recorrido”.
La salida está unos pasos. “Gracias por su visita”, despide la duendecilla, “vuelvan cuando quieran”.
Por: AM






