Por: MG
El COVID-19 puede dañar varias partes del cuerpo, pero la mayoría de las personas experimentan síntomas en el tracto respiratorio, como dolor de garganta, congestión nasal, tos o dificultad para respirar. Algunos de estos síntomas, específicamente la tos y la dificultad para respirar, se originan en los pulmones.
Cada parte del cuerpo necesita oxígeno: el cerebro, el sistema digestivo, los órganos internos, los músculos y las articulaciones. Una infección por COVID-19 puede impedir que el oxígeno entre en el torrente sanguíneo y bloquea la salida del CO2. Esto dificulta la respiración y hace dificulta que el oxígeno llegue al resto del cuerpo.
Pueden presentar neumonía, y demasiada mucosidad puede provocar tos persistente y bronquitis. Las personas que contraen COVID-19 pueden experimentar una tos persistente durante meses.
Si la neumonía progresa y los alvéolos se llenan de líquido, una persona puede desarrollar una condición extremadamente peligrosa llamada Síndrome de Dificultad Respiratoria Aguda (SDRA). Alguien con SDRA presenta tanta dificultad para respirar que necesita una fuente externa de oxígeno, como un ventilador. El SDRA puede ser fatal.
La mejor manera de protegerse del COVID-19 es recibir todas las dosis recomendadas de vacunas y refuerzos si es elegible. Además, si tiene afecciones como enfermedad pulmonar crónica o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), puede ser elegible para tratamientos contra el COVID-19, como los antivirales o anticuerpos monoclonales.

