¡Vecinos, ya estamos regalando sandía, melón y chile, aquí los esperamos!”, publica constantemente José Luis en los grupos de compra y venta en redes sociales. De inmediato comienzan los comentarios, los ‘me gusta’ y decenas de usuarios comparten su ‘post’. A los pocos minutos, José ya tiene una fila de las personas que hasta con sus playeras hacen ‘canastita’ para llevarse algo de fruta y verdura.
Lo que comienza como una publicación en uno de los miles de grupos en Facebook que existen en Chihuahua, se convierte entonces, en una bendición para los que menos tienen.
“Yo no vendo”, dice José Luis en entrevista con El Diario, “lo único que les pido es que, si pueden, traigan en qué llevarse lo que les regalamos”.
José, oriundo de Irapuato, Guanajuato, actualmente es dueño del restaurante Las Cazuelas y varias veces al mes acude a sembradíos al sur de la ciudad, en la carretera a Delicias, a conseguir fruta y verdura, pero no para su negocio, sino para regalarla entre las personas que más lo necesiten.
Esta actividad surgió por la idea de ayudarles a los que menos tienen, pues según explica, para él y su familia una de las cosas más importantes es compartir con los demás todas las bendiciones que les ha dado Dios.

“Me gusta ser agradecido con la vida”, reitera José Luis, “nosotros lo hacemos con el fin de ayudar a las personas. Aquí viene gente de toda, y hay quienes dirán que algunos no lo necesitan, pero aquí no se condiciona, nosotros les damos a todos los que llegan”.
Para esto, él junto con su familia, se sube a su troca luego de terminar su jornada de trabajo en el restaurante y se van rumbo a Delicias, en busca de la mejor verdura para regalar. La semana pasada, por ejemplo, trajeron pepino, sandía, melones y tomatillo.
“Hay varios ranchos, está El Consuelo, Campestre, San Lucas, las coordenadas de plantíos que son la 46 o la 47. Son lugares muy bonitos, tú pasas por la carretera y no te imaginas el potencial de verdura que tienen”.
Allá, José ya tiene varios conocidos y hay a quienes considera sus amigos, pues aparte de darle la mejor producción, en ocasiones se la han dado sin costo alguno, pues saben que terminarán en la mesa de quienes menos tienen, “saben que todo lo que traigo es para compartir y no se vende nada”.
Asimismo, se dijo agradecido con dos personas a las que conoce como ‘Gavilán’ y ‘Pampas’, quienes lo motivan e incluso ‘le dan carrilla’, para que siga realizando su labor, “me hablan y me dicen ‘ándele, venga por más sandía, e incluso ahora que no traigo la camioneta se han ofrecido a traérmela hasta acá’, dice el restaurantero.

Salir juntos de la pandemia
“Estaba muy aburrido en la casa, porque tuve que cerrar mi restaurante, y agarré la camioneta y me fui a Delicias, ahí vi todo lo que tienen en el campo”, narra José tras preguntarle cuándo inició con esta actividad altruista.
Fue en el 2020 que la mayoría de los giros no necesarios tuvieron que cerrar sus puertas a causa del Covid19. Esto dejó a muchas personas sin trabajo o con sus salarios a la mitad, a las familias con los hijos en las casas pues no había clases, y fue entonces que José decidió llevar toda esa bondad de la tierra escondida entre los campos a las personas que lo iban a disfrutar más.
“Dios nos bendice a nosotros con trabajo, así que nosotros hacemos lo mismo y compartimos con los que necesiten”.
Recuerda que en ocasiones anteriores trajeron hasta 30 toneladas de verdura para repartir; sin embargo, en esta temporada reconoce que han tenido problemas para ir a surtir, ya que tuvieron un accidente y han estado utilizando sólo una camioneta, que a veces está ocupada.
De vivir en la Central Camionera, a ayudar a sus vecinos
José llegó a la ciudad de Chihuahua hace 17 años, y al no tener familia ni casa a dónde llegar, se quedó viviendo un tiempo en la Central Camionera.
Poco después escuchó de la Plaza San Pedro, en donde vivían personas que como él, habían llegado de otros estados. José decidió mudarse, y ahí conoció a vendedores de burritos que venían de Puebla, a quienes les limpiaba los puestos de comida, a cambio de unas monedas.
“Las personas estaban acostumbradas a correr a la gente, y a mi me decían ‘que raro eres’, yo les decía ‘¿por qué, porque me gusta trabajar?’, según recuerda el hoy restaurantero, mientras sus ojos se llenan de lágrimas y orgullo.
Después se fue junto con unos conocidos y se fue a la obra; estuvo en el fraccionamiento Monte Carlo y después al de Cordilleras. Ahí conoció al dueño del restaurante ‘Fondo Chilango’, en donde laboró 5 años, primero como lavatrastes y después fue mesero. “El dueño me decía mucho que iba a salir adelante, que yo iba a tener mi propio restaurante… yo decía ‘¿no pos cuándo?”.
Llegó después a Doña Gelos y duró tres años, en donde conoció a su ahora esposa y le dijo que se fuera con él a trabajar en el autolavado, pero José tenía en mente su sueño de poner un restaurante.
Su suegro, al saber de sus metas, le prestó una parte del terreno y ahí, por fin pudo construir con sus propias manos, el comedor que tanto había deseado. “Sin saber, nos pusimos a construir el local, por eso si lo ves chueco es porque nosotros mismos lo hicimos”, ríe José mientras mira las paredes y el techo del negocio.
Junto a sus esposa y ahora sus hijas, han salido adelante, poco a poco, “yo no quiero que ellos sufran lo mismo que sufrí de niño”, reflexiona.
Las Cazuelas está ubicado en Quintas Carolinas, colonia en la que más buscan ayudar a las personas “por agradecimiento, por su preferencia y porque eso nos han ayudado”.
Sin embargo, también van a Riberas del Sacramento, Ladrilleras, 11 de Febrero, Jardines de Oriente y Punta Oriente, y en aquellas donde vivan personas en condición vulnerable.
“Nadie es más que nadie, todos somos iguales, yo por eso lo único que le pido a Diosito es que nos siga dando trabajo”, pues dice que la satisfacción de ver a los niños, por ejemplo, al recibir una sandía o un melón es algo muy bonito.
“Hoy vamos a ir por más”, dijo ayer entusiasmado José, por lo que hoy martes es muy probable que se vea alguna de sus publicaciones en Facebook pidiendo a la gente que vaya por su verdura, pero que eso sí, no olviden llevar ‘su bolsita’.
Por: Anaís Martínez

