Cuenta la leyenda, que allá por los años 70s, en la ciudad de Parral, existió una mujer que, sin tener conocimientos de medicina, curaba a las personas de muchas enfermedades. Sin anestesia y usando sólo la energía de sus manos, hacía operaciones con un cuchillo oxidado, de la nada materializaba órganos y en tres días, los pacientes estaban sanos y sin rastro de cirugía…. Era ella conocida como Pachita y esta es su historia.

Después del link del audio, encontrarás el texto, por si gustas leer, al mismo tiempo que escuches la historia.

Era el año de 1900, cuando en la ciudad de Parral, nació a quien sus padres llamaron Bárbara Guerrero, pero a los 3 o 4 años dejaron abandonada a su suerte… Un hombre identificado como “CHARLES” UN NEGRO ANTILLANO la adoptó y se la llevó junto con él a vivir al circo. Ahí le enseño algunos de los conocimientos que la harían trascender. Meditación, herbolaria, manejo de energía y muchas cosas más que con el tiempo, la mujer se fue dando cuenta podía utilizar en beneficio de los enfermos.

Un día, la pequeña tendría como 10 años de edad cuando vio a una elefanta que no podía parir a su pequeño elefante y ya iba a ser sacrificada… En ese momento Pachita pidió oportunidad de que la dejaran ayudar a la elefanta. Nadie creyó que pudiera hacerlo, pero no había más que perder, así que la dejaron hacerlo. La niña realizó la primera intervención en su vida y minutos después el elefante mamá junto con el elefantito, estaban bien.

Tal vez en ese momento, la fama de Pachita junto con su autoestima comenzó a despegar. Al mismo tiempo empezó a perder la vista y poco tiempo después, quedo ciega.

Cuentan que en México atendía en un modesto cuarto, de un viejo edificio donde vivía. En Parral, una persona a quien curo en agradecimiento, le permitió operar en un cuartito pequeño de servicio. La gente que se formaba para recibir atención a sus enfermedades era tanta, tal vez miles, que pronto tuvieron que buscar otra opción, y le construyeron una casita, lejos de ahí.

En la antesala, los dos hijos de Pachita se encargaban de recibir a los pacientes… era requisito llevar “un litro de alcohol, vendas y una sábana” para ser atendidos.

“Pasa hijo” con una voz bajita les decía Pachita. Adentro había una cama y velas. Luz no porque aseguraba que eso afectaba los órganos vitales. Enfrente un altar con la imagen de “Cuauhtémoc”, al que se dirigía como “hermanito” y aseguraba era su espíritu el que hacia las operaciones.

La mujer “entraba en una especie de trance” ponía las manos sobre la parte enferma del paciente y con un cuchillo de cocina oxidado y cinta de aislar en el mango comenzaba la operación. Así…sin anestesia. Metía las manos al cuerpo y removía lo que no funcionaba, luego, DE LA NADA, materializaba órganos como hígado, riñones, vejigas, pulmones y los trasplantaba al enfermo como si fuera parte de un rompecabezas. Después enjuagaba con un poco de alcohol y cerraba la herida con vendas. Sólo con sus manos y sin suturas. Vendaba la zona y dejaba al enfermo reposando un par de horas. Antes de finalizar, indicaba infusiones y ordenaba no quitar el vendaje hasta después de 3 días. Al cuarto día el operado estaba completamente sano, incluso casi sin rastros de la cirugía y ya podía realizar las actividades normales.

Investigadores, psicólogos, antropólogos, neurofísicos, escritores, personas con conocimiento paranormal, astrólogos, e incluso periodistas, dedicaron gran cantidad de investigaciones para tratar de analizar las cirugías inexplicables, y como su nombre lo dice, fue algo inexplicable.

No en todos los casos era necesaria una operación. Pachita era una gran conocedora de la mente y forma de sentir de las personas. A algunos sólo les recomendaba hierbas, ritos o rezos católicos y sanaban.

Leo Dan fue uno de los famosos cantantes que acudió a ser atendido por la curandera. En agradecimiento le llevó grandes regalos.

Pachita, murió en la ciudad de México un 29 de abril de 1979.

¿Creencia o realidad? Es cuestión de cada persona.

Para espacio noticias: MAYRÉ GÓMEZ

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