Cinco minutos antes de que se acabara el día, a Margarita le paso lo que a “La Cenicienta”. Llego él marido con dos sixs de cerveza en mano y se la hizo de cuento cuando la vio muy abrazada a su amigo “El Genaro”, mientras las dos pequeñas hijas, legalmente registradas como herederas de la familia, en condiciones increíbles. La de dos años tirada a un lado de la puerta, como si fuera atrapapolvos, dormida de lo alcoholizada y la otra, la de 3 años, aún consciente, pero dándole sorbitos a una lata adormecedora de aluminio en color rojo y con un águila negra.
Alonso, el jefe de la casa, sintió que le hervía la sangre y no por las infantes, con quienes comparte el primer apellido, sino por el orgullo de sentirse traicionado. El dolor de cabeza por las protuberancias frontales era enorme. Ajusto la enorme hebilla plateada del cinturón que sujetaba el pantalón de mezclilla deslavado y roñoso y comenzó a jalonear de la blusa en color rosa mexicano a su amada y también al que consideraba más que amigo por las horas laborales compartidas en la construcción de bellos, pequeños y casi impagables refugios familiares. ¿Cuántas caguamas habían compartido? Y ahora compartiendo, pero a la dama.
Las niñas seguían tiradas en el suelo mientras los adultos se concentraban en gritar y empujarse de un lado a otro. Los vasos de veladoras utilizados para tomar agua, con restos de “bebida envalentonadora” volaron para todos lados, igual que el sartén con la cena para el jefe de familia, que estaba siendo sustituido.
Los vecinos ya acostumbrados a los seguidos shows de esa familia, llamaron a la policía y se quedaron atentos para observar cuando llegara el vehículo policiaco con torretas encendidas. La primera en llegar fue una oficial a quien le dijeron era problema de adultos, pero lo primero que vio y más importante fue a las olvidadas pequeñitas de 2 y 3 años, con cerveza en mano y en malas condiciones, mientras el pleito de amores seguía en su máxima potencia.
Llegaron mas patrullas y los peleoneros se sentían soñados por tanta atención, pero no era para ellos, sino para las pequeñas que fueron trasladadas a la Comandancia de policía para ser revisadas por el servicio médico y ver ¿de qué manera bajarles la cruda? Luego serán canalizadas a un lugar donde las cuiden y les den alimentos en lugar de bebidas embriagantes.
Genaro, Alonso y Margarita volvieron a compartir, pero el transporte. A bordo de la misma pick up, con las manos esposadas y al aire libre en la caja de la patrulla fueron trasladados a una celda de la comandancia policiaca, y donde a las últimas dos personas se les fincarán cargos por omisión de cuidados, aunque a ellos pareciera les molesto más la interrupción del duelo de amor y no el destino de su descendencia.
Parece broma, pero es la realidad que vive una familia en Chihuahua, y las consecuencias que sufren dos pequeñas por culpa del vicio e irresponsabilidad de los padres.
Si conoce alguna situación en la que algún menor de edad esté en peligro, denuncie a las autoridades. Tal vez pueda evitarles sufrimiento.

