HISTORIA: Juan vivió un infierno con las drogas, hasta que un día…

Redacción: Mayré Gómez

  • Tendría como 9 años cuando empecé a consumir.
  • Una vez que estaba nevando, mi papá me bajo en la carretera a Juárez y ahí me dejo como 4 horas.
  • me pusieron rápido dos dosis de algo que me puso bien acá.
  • Hasta me prostituí con vatos y morras. Le quise entrar a la venta, pero me lo acabé todo.
  • El día de la boda, yo llegue a la iglesia bien arreglado y hasta le queme el pelo y el vestido.
  • Hasta que un día llegó uno de mis carnales me agarró y …

Esta es la historia de alguien a quién para respetar su privacidad, sólo llamaremos “JUAN”. Cuenta su experiencia en el mundo de las drogas y el infierno que vivió para poder salir de ellas. Afortunadamente, hoy se encuentra en recuperación y su vida es muy diferente.

Mi mamá gritaba del dolor cuando mi papá le estaba pegando. Se oía en toda la vecindad y nadie le ayudaba. Mis hermanos y yo estábamos chiquitos y también llorábamos de miedo al verla toda ensangrentada. Luego mi papá se iba por un tiempo y mi mamá a seguir lavando ropa ajena para darnos de comer. Mi papá sólo llevaba cervezas, y cuando las dejaba en la mesa, yo le daba “traguitos”. Tendría como 9 años cuando empecé.

Un metro con 70 centímetros, complexión robusta, tez clara, caminar temeroso y mirada ausente cuando empieza a recordar todo lo vivido. Se quita la cachucha, pasa la mano por la cabeza, la mitad del rostro y empieza.

Me acuerdo que yo era muy chillón por todo y le tenía miedo a todo. Tendría como 10 años cuando una vez mi papá se desesperó conmigo. Estaba nevando y … fue y me bajo en la carretera a Juárez y ahí me dejo como 4 horas. Después regresó (al hombre se le llenan los ojos de lágrimas). Deja tú el frio, el pinche miedo que sentía cuando pasaban los trailers bien cerca y yo ahí solito a un lado de la carretera, agazapado en un arbolillo… Empieza a buscar entre las bolsas de la chamarra y saca un cigarrillo que enciende, casi desesperado.

Al poco tiempo empecé a fumar, según yo para olvidarme de los malos tratos de mi padre, y ándele nunca falta el amigo que te empieza a regalar mariguana ¡Pues préstela!… jajaja. Después ya tenía que comprarla.

Un día andaba yo bien arreglado y se me descompuso el carro. Pues en mi locura, que le abro el tapón al radiador y me salto el agua caliente. A la chingada. Me baño todo el lado derecho del cuerpo. Rápido se me empezó a hinchar, entonces mi ama me dijo – vámonos al hospital-.

Llegamos al IMSS y me pusieron rápido una dosis de algo que me puso bien acá, bien chido y ya no me dolía nada. Era morfina. Una curación y ándele para su casa. Los siguientes días mi ama me hacia el paro y me inyectaba mi dosis antes de la curación. Eso debía ser por dos meses, pero me sentía “tan aca” con esa droga que me volví manipulador y me las arreglé para seguir recibiendo morfina por un año y medio.

Tiempillo después, ya le entraba a drogas más elevadas y caras, como la cocaína, e hice de todo para conseguir las dosis. Ahora me arrepiento mucho, pero en ese entonces como que no estaba consciente y le hice mucho daño a los que estaban cerca de mí. Robaba, manipulaba, mentía para conseguir dinero, hasta me prostituí con batos y morras (mueve la cabeza en señal de vergüenza y se pasa la mano por la cara como queriendo esconderse). Me valía madre, yo lo que quería era dinero para comprar droga. Es más, hasta le quise entrar a la venta, pero cuando me dieron lo que tenía que vender, pues me lo acabe todo a la chingada…jajajaja… y ya no me quedo nada.

En ese tiempo me sentía muy sólo, entonces le dije a una morrilla con la que andaba que si nos casábamos y ella bien emocionada arreglo todo. El día de la boda, yo llegue a la iglesia bien loco y hasta le queme el pelo y el vestido con una vela porque ya me andaba cayendo, y se hizo el desmadre. Y el anillo, quien sabe quien chingados se quito un anillo que traía y me lo dio, y no le quedaba a la morra, pero yo se lo metí a la fuerza en un dedo y hasta le sangro. Pobre cabrona. Y todavía nos fuimos a la fiesta, a huevo había pisto y todo el desmadre. Y de ahí ella se fue a la casa de sus papas y yo a seguir mis loqueras. No regrese hasta una semana después.

Nos prestaban un cuartito al fondo de la casa de los papas, pero poco después, yo como seguía en las mismas, me quedaba sólo allá y ella en casa de sus papas. Luego tuvimos un hijo, y no me dejaban casi ni que me le acercara. Yo vivía sólo como perro en ese cuartito. Era muy triste y fea mi vida. No se la deseo a nadie. Creo que intente suicidarme como 4 veces, o más, la verdad ni sé bien, porque andaba en mis loqueras y a veces ni cuenta me daba de lo que hacía hasta que despertaba en el hospital.

Hasta que un día llegó uno de mis carnales me agarro así de los hombros y me dijo – Vámonos cabrón, no puedes seguir así, ¿mira cómo estás? – Y si, además de bien jodido, parecía indigente y ya alucinaba y todas esas ondas. Y me llevo a internarme.

Yo no se lo pedí, pero tampoco me negué. Como que algo en mí pedía ayuda a gritos. Me llevo a un centro de integración. Se llama AMAR y está en la salida a Cuauhtémoc.

Pues llegue yo sin saber que pedo ni nada. Y ahí me quede. Fue bien cabrón porque al principio tu cuerpo extraña las drogas y te da lo que se conoce como “la malilla”. Me dolía todo el cuerpo, los huesos, la cabeza, sin fuerza, alucines, coraje, se me soltó el estómago bien cabrón. Y me llevaron a la enfermería. Yo dije – a que chingón, ahorita me dan mi dosis de morfina y se me va a pasar esto- Y no ¡ni madres de droga! Me inyectaban puro suero para hidratarme. Así pasaron unos días hasta que mi cuerpo empezó a calmarse. Vinieron las pláticas y a curarme ahora mi lado espiritual y mi paz y todo lo demás. Y empecé a entender el desmadre que traía en mi vida.

Siempre tuve una persona a mi lado, que es al que llamamos “padrino” y el me jalaba para todos lados y veía que estaba haciendo. Cuando salí, volví a pedir trabajo, pero pues nadie confiaba en mí y además mi aspecto era muy feo. Así paso como un año, hasta que volví a pedir trabajo donde mismo y ahora si me dieron.

Intente ver a mijo, pero no me dejaban. Y pues ni pedo, era mi culpa. A pedir perdón y a seguir trabajando en mí. Con el paso de los años poco a poco me fueron dando chanza de acercarme a mijo, primero desde un parque, luego llevarlo a comer y mucho después, cuando la mamá vio que era en serio mi cambio, me dejó llevarlo a donde quisiera. Mi hijo tiene ya 22 años y le agradezco a su mamá porque, él es un muchacho de bien, que estudia y no tiene vicios.

No he dejado de ir a tomar pláticas al centro de rehabilitación desde que salí porque quiero seguir trabajando en mí. Pasaron muchos años antes de que yo empezara una relación con otra mujer porque sabía que aún yo no estaba bien y a cualquiera le podía hacer daño, hasta que un día dije, ya estoy listo, y empecé con alguien y ahora estoy casado con ella. Muy diferente la relación a con mi primera esposa y mis hijos porque a ellos no les toco la basura de cómo era yo antes.

Soy católico y traté de eliminar mi primer matrimonio porque quiero hacer las cosas bien y casarme por la iglesia con mi actual esposa, pero son muchos trámites y en eso estoy. Esa es una de las cosas que tengo pendiente en mi vida.

A los que le están entrando al mundo de las drogas, ya sea por tentación o porque quieren olvidarse de las penas “¡No sean pendejos, no saben el infierno que se vive ya estando dentro! Al principio es bien chido porque te sientes bien acá, pero con el tiempo, te das cuenta que, es más lo que se pierde y haces sufrir a los tuyos. ¿Y si ya le entraron? Traten de salirse y busquen un centro de rehabilitación. No es fácil, hay que echarle muchos, destos, pero si se puede salir. Es cuestión de cada quien. Nunca estaré a salvo y puedo volver a caer, pero diario le pongo todas las ganas, porque no quiero eso otra vez, ni para mí, ni para mi familia. Merezco ser feliz”.

Recuerden “SÓLO POR HOY”.  Gracias por escucharme y por difundir. Nadie experimenta en cabeza ajena, pero ojalá y esto que me pasó a mí, le sirva de experiencia a alguien y no caigan, porque es muy duro… Ya me voy oye, porque tengo que entregar un jale…. Adiós.

 

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