Por: MG
Esta es la historia de una mujer que durante muchos años sufrió golpizas y malos tratos por parte del esposo, pero ahora, el karma tiene en muy mal estado al hombre y ella, comenzó a disfrutar de la vida.
Hace unos cincuenta años, Dolores (nombre ficticio) era una adolescente de 14 años que vivía en un rancho muy lejano en la Sierra. Un día, para el 15 de septiembre, hicieron un baile en la plaza del poblado y a la madre de la jovencita le dieron permiso de vender “enchiladas”.
MAMÁ: Hija tráeme más tortillas que ya se acabaron… ¡¡Pero apúrate…!!
Camino a casa la joven se encontró con “El Pancho”, el muchachito que muchos años atrás se había ido de mojado a trabajar a Estados Unidos y ahora con poco más de 30 años de edad, regresaba convertido en un apuesto galán.
PANCHO: Hola Dolores… ¡¡Que guapa te has puesto…!!
Después de un rato de plática, a la jovencita se olvidaron las tortillas y se sintió en las nubes cuando el hombre le propuso irse con él.
Los primeros días fueron como un sueño, pero de pesadilla los siguientes meses y años. Hambre diaria, golpizas semanales y un hijo por año. El conquistador de jovencitas siguió con su encanto ante las demás, pero un martirio hacia la jovencita, a quien tenía atemorizada y amenazada con matarla junto con los hijos, por eso no lo dejaba.
DOLORES: Los niños tienen hambre.
PANCHO: ¿Y qué quieres? Ni modo que deje de comprar mis cosas para darte a ti. Hazle como puedas.
Pasaron los años y el seguía en las mismas. Vestido con su llamativa camisa de tigre en tonos dorados y botas picudas, era común seguirlo viendo en los bailes, hasta que un día…
COMPRADRE: Que compadre ¿no va a bailar con aquella muchachona que lo está viendo?
PANCHO: Si como no, nomás estaba descansando un ratito. A eso venimos, ¡¡a darle…!!
Al poco rato llego una ambulancia que se lo llevó desmayado por el esfuerzo que hizo. En el hospital le dieron el diagnostico de su cansancio “cáncer en su orgullo” y lo tenían que amputar de urgencia.
Apenas tres años atrás, había abandonado a Dolores por “vieja y fea” y se fue a vivir con otra mujer que al darse cuenta de la enfermedad lo mando a la calle, junto con sus llamativas camisas. Los hijos ya grandes y con familia formada, convencieron a Dolores de aceptarlo nuevamente en casa y ellos le ayudarían a cuidarlo. Ninguno cumplió la promesa.
Pancho está convertido en un bulto y “La fea Dolores” comenzó a vivir. Se dio cuenta que los miedos que siempre tuvo, no la podían detener. A uno de los lugares a los que muchas veces y a escondidas siguió a su marido para ver con quien bailaba, regresó y encontró a un hombre viudo que la valoró y la ayuda. ¡¡La vida le cambió a Dolores…!!
DOLORES: Ni modo que me divorcie de Pancho, si nunca me casé y no lo corro, porque, ya está pagando en donde más le duele, además ¡¡el karma existe y siempre se devuelve…!!

