Por: MG
“¿Si viera cuanto viejito pierde ahí su pensión?, y también jóvenes vienen y apuestan. Tarahumaras, hombres, mujeres, hasta chamacos andan dejando su dinero en las maquinitas. Vea nomás como llegan casi corriendo”, comentó la mujer empleada de un negocio frente al lugar donde tienen instaladas decenas de máquinas tragamonedas.
Los vistosos y ruidosos artefactos, algunos de ellos con una silla de plástico enfrente, son frecuentados diariamente por los incautos que cambian su dinero por pesos para poder disfrutar el juego mientras van depositando una a una las monedas de poco valor, pero minutos después, esa cifra aumenta a cientos, hasta que se quedan sin nada y hasta temblando por la necesidad de seguir tentando a la suerte.
“A fin de mes y en quincena es cuando más bola se hacen y hasta se pelean, se me hace que algunas de las máquinas han de soltar más dinero, porque en la de la orilla hasta hacen fila para usarla” dijo la empleada.
Para conocer de cerca la opinión de quienes asisten a esos lugares, me acerque a una adulta mayor de unos 70 años de edad, delgada, cabello canoso, encorvada por la edad, piel deshidratada y aunque tenía la mirada frente a la pantalla con luces, se le notaban las arrugas alrededor de los ojos.
REPORTERA: Buenos días señora… buenos días señora (le insistí) ¿Cómo está? (sin respuesta) ¿Cómo se juega eso?, ¿Cuánto cuesta?
La mujer en tono molesto y sin voltear solo dijo “¡Oh, no me moleste, no ve que me espanta la suerte!”
REPORTERA: Disculpe.
A un lado estaba un hombre también entrado en muchos años y al mismo tiempo que estaba concentrado en su juego, dijo en voz muy alta “¿Si quiere jugar y trae con qué?, ¡Yo le explico!”
Y en eso grita… ¡LOTERIA, LO SABÍAAAAAA! Yujujuuuuuiiii. Me acabo de ganar 150 pesos. Ya tenia como una hora metiéndole monedas y al fin gane. Yujujuuuuiiiii.
REPORTERA: Que bien. ¿Cómo se llama usted?, ¿Qué va a hacer con lo que acaba de ganar?
“Me llamo Manuel y lo voy a volver a apostar pa´ ganar más”. Péreme ay vengo, voy a cobrar mi dinerito”.
Se dio media vuelta para cobrar ahí mismo en un puesto de al lado y en eso, la mujer que también estaba jugando en una máquina cercana, dejó su lugar y ocupó la máquina de Don Manuel, que al regresar empezó el pleito.
DON MANUEL: Oiga no, esa máquina esta ocupada. La estoy usando yo. ¡Es la de la fortuna!…
MUJER: Pues ni modo, usted se fue y la dejo sola. ¡Y ahora la tengo yo!
DON MANUEL: Vieja abusona, y siempre es lo mismo con usted. No respeta los lugares de los demás y todo por estar con el vicio.
MUJER: Vicioso usted que viene todos los días a apostar.
DON MANUEL: Claro que no, yo no soy vicioso, vengo a distraerme un rato nada más y a ganar unos pesos. En cambio, usted siempre pierde.
MUJER: Pero ahora voy a ganar para que se enoje más. Además ¡este lugar no es de su propiedad! Aquí no dice su nombre y también usted me ha quitado mi maquina otras veces.
DON MANUEL: Vieja gandalla. ¡Ojalá y no gane nada por abusona y viciosa!
MUJER: Pos ya veremos.
Con diferentes personas, y en diferentes lugares, algunos económicos como en el centro de la ciudad, otros en elegantes instalaciones, pero la historia de repite todos los días, ganar y perder.
LUDOPATÍA: Enfermedad en la que las personas sienten la necesidad de apostar para ganar grandes cantidades de dinero y no piensan en las consecuencias. Grandes deudas.

