Gonzalo Martínez Corbalá el ejemplo que trasciende por Ramón Gerónimo Olvera Neder

I

Los notarios aparecen en la obra de Pablo Neruda “Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado” (Walking around) o “Yo veo, solo, a veces,/ ataúdes a vela/ con niñas pensativas casadas con notarios” (Solo la muerte) esta figura se presenta como sinónimo de burla y la simulación. Si en la naturaleza de todo poema se despliega el misterio del lenguaje, podemos intuir que las intenciones de quien lo escribe y lo lee son mediadas por el inconsciente. Bajo este salvoconducto, podemos imaginar que al poeta chileno le parece increíble que las sociedades necesiten alguien que valide y tase las palabras, como si se tratara de objetos depositados en la casa de empeño.

En la mar de los tiempos turbios hay quienes navegan sin temor y con grandeza, pero también quienes se hunden. El 11 de septiembre de 1973 Chile vivió esta dualidad. En público Augusto Pinochet había jurado lealtad al gobierno de Salvador Allende, en privado compartía como lo menciona el historiador Mario Amorós con el presidente socialista hermandad jurada en la Masonería. Pero el valor de la palabra para Pinochet nunca existió.

Con la voz encendida, bajo el estruendo de las bombas y en vivo para Radio Magallanes el auténtico presidente afirmó: “Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron…”. A 50 años del hecho, su discurso se volvió profético. La junta militar se presentó al pueblo con una foto que parecía tomada en el último círculo del infierno, Pinochet y su pandilla aparecen con la mirada homicida y los brazos cruzados, la imagen sintetiza los años por venir; la violación a los derechos humanos, consumada con una gigante lista de desaparecidos, ejecuciones y juicios sumarios. Al pueblo chileno le tocaría padecer dos males al mismo tiempo: una dictadura de orden confesional que reprimió todo el régimen de libertades y la implantación del neoliberalismo en su versión más radical.

Con una sinceridad que raya en el cinismo, Henry Kissinger dirá: “habíamos sido incapaces de evitar el ascenso de Allende al poder” la confesión expresa del intervencionismo vino acompañada de “nuestras reacciones eran realmente frenéticas” (466). En el capítulo del libro describe acciones golpistas, pero niega haber tenido que ver con las acciones del trágico 11 de septiembre. La evidencia tan contundente y el enorme amparo que recibió Pinochet para cometer actos de genocidio y torturas son la prueba de que todo fue orquestado en los entretelones de la Casa Blanca.  

 

II

El 11 de septiembre de 1973 se establece un vínculo trágico entre México y Chile: el intervencionismo norteamericano. En el caso de México sufrirá de varias agresiones, la más reciente con la expedición punitiva para perseguir a Villa. Pero desde la embajada de las barras y las estrellas urdirán el golpe de estado contra Francisco I. Madero para imponer al tirano Victoriano Huerta, cuyo gobierno sumiría a México en una guerra civil, con decenas de miles de muertos. La historia de Chile tendrá un guion similar.

En los momentos de tragedia también emerge la grandeza. Gonzalo Martínez Corbalá era el embajador de México en Chile. Desde que Allende asumió el poder hasta los bombardeos a La Moneda nuestro país mostró una posición solidaria con el gobierno popular y democrático. Pero los peores momentos estaban por llegar. Se desató una persecución bestial. Frente a esto a riesgo de su vida Martínez Corbalá abrirá las puertas de par en par para dar cobijo a las víctimas de la dictadura. Es conocido por lograr el exilio de la familia de Salvador Allende, pero su valor e inteligencia servirán para poner a salvo a centenas de chilenos que terminarán haciendo su vida en México.

En el documental “Caminos de libertad” producido por el Congreso de la Unión, se recopilan testimoniales. El intelectual Pablo Yankelevich sintetiza la estatura de Martínez Corbalá: “el ingeniero encarna lo mejor de una tradición histórica de México en materia de política exterior”.

Por la cabeza del embajador mexicano, probablemente pasaron los momentos de la guerra civil española y México abriendo sus puertas a la república. Martínez Corbalá se inició en la política bajo la tutela del general Lázaro Cárdenas. Décadas después habría de honrar las enseñanzas de su maestro. La dictadura emitió un bando represor que incluyó el toque de queda. Desafiando el ordenamiento, el diplomático mexicano narra que “No lo dejaban entrar en la embajada (ya que le apuntaban) con cuatro metralletas en las costillas”.

En el edificio de la embajada convivían el horror de la guerra y la solidaridad humana. Se encontraban varias mujeres embarazadas, que bien podrían ser la metáfora de lo que vendría años después, la perseverancia de la vida ante lo gris del porvenir.

Volvamos al hecho central, una vez que Martínez Corbalá puso a salvo a la familia de Allende en México, se regresó a Santiago. La labor era traer al máximo número de asilados antes de que se rompieran las relaciones diplomáticas. Fueron casi un millar las personas que alcanzaron a salir. El embajador buscó con ahincó traer a Pablo Neruda, el poeta (ya viejo y debilitado por la enfermedad) rechazó venir a México. Mandó decir con su compañera Matilde “yo quiero morir en mi patria”. La poesía universal entrará en luto con la muerte de Pablo. Apenas unos días después del golpe militar.

 Martínez Corbalá recibirá de obsequio la edición príncipe del Canto General, como otro presagio de los años venideros. Será la poesía uno de los grandes vínculos entre los dos países. Vendrán décadas difíciles para lograr que mujeres y hombres pasen por  “las grandes alamedas”. El regreso a la democracia ha reivindicado figuras históricas. En ese ejercicio, toca hacer lo propio con Gonzalo Martínez Corbalá como referente de integridad y ética. Celebrar la democracia jamás puede ser sinónimo de echar “campanas al vuelo”, el riesgo de volver a los totalitarismos hoy día se enmascara con una retórica que se dice libertaria.

Una vez restablecida la democracia, Martínez Corbalá volvió a pisa Chile, emocionado narra los honores con los que se honró la hermandad entre los países.

Citas

Amorós, Mario. (2019 ). Pinochet. Biografía militar y política. Ediciones B.

Caminos de libertad: Gonzalo Martínez Corbalá. (2014). (Documental). Canal del Congreso. Consultable en: https://www.youtube.com/watch?v=d9eNY2cp-d0

Corbalá Martínez, Gonzalo. (2003). La historia que viví. La Jornada Ediciones.

Kissinger, Henry. (1979). Mis memorias. Editorial Atlantida.

Neruda, Pablo. Residencia en la tierra. (2002). Editorial Universitaria.

 

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Académico, escritor, editor y periodista cultural.

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