¡El Cerro Grande va a explotar y todos nos vamos a ahogar!

“Veo que una vena de mar atraviesa por el estado de Chihuahua y el día 15 de febrero va a explotar. el cerro Grande. El agua inundará toda la ciudad, incluso gran parte del estado”, dijo la vidente durante la transmisión del noticiero conducido por el periodista Guillermo Ochoa.

La mañana del dos de febrero de 1986, Chihuahua se volvió el centro de atención nacional y comenzó la psicósis.

Doña Leticia, vivía en la colonia Rosario y tenía familia en San Jorge, UP, Rosario y Dale, que eran las más cercanas. “Yo estaba haciéndole lonche a mi viejo, y escuche la noticia, por eso hable a todos en la familia que tenían teléfono (en ese entonces no todos contábamos ese medio de comunicación)”. Antes de medio día ya había planeado con quien pedirían asilo en Estados Unidos, en lo que bajaba el nivel del agua y podría regresar a su casa.

Lo mismo pasó con mucha de la gente que vivía cerca del Cerro Grande.

Todos los días en el mismo noticiero salía algo nuevo de esa tragedia para Chihuahua que ponía “los pelos de punta” a quien escuchaba.

Rumores: “Será a las dos de la mañana cuando explote el Cerro” “¿Si oyes? Ya sé escucha como se está juntando el agua y hasta se ve como de algunos lados empieza a brotar” ¡No tarda en romperse en mil pedazos!”.

«Dios mío, no me quiero morir» decían muchos vecinos, que empezaron a vender sus casas a bajo precio, lo importante era recuperar algo y no perderlo todo. Diario se veía como pasaban trocas cargadas con muebles de personas que huían de la zona para ponerse a salvo.

Oscar Viramontes, historiador, comenta que tres días antes del 15 de febrero de 1986, fecha pronosticada como fatal, a alguien se le ocurrió salir en la noche con un autoparlante y exhortar a la gente a abandonar sus casas en ese momento porque no tardaba en presentarse la explosión. Tuvo que intervenir la policía y también con bocinas tratar de calmar a los vecinos y decirles que eso no era cierto y que se quedaran en sus casas.

Ya casi llegaba el día y la gente no dormía, no comía, se despedían, lloraban, rezaban pidiendo a Dios que eso no pasara, hacían compras de pánico en las tiendas, los niños dejaron de ir a las escuelas, las personas no querían salir de sus casas por temor a que explotara el Cerro.

Madrugada del 15 de febrero, todos esperando la explosión de las 2 de la mañana y…nada, no pasó nada.

El Cerro Grande no explotó.

“¿A poco tú si creíste que el Cerro explotaría?” se burlaban unos de otros.

Ese mismo 15 de febrero, todo volvió a la normalidad.

Related Post