Por: Mayré Gómez
Esto fue lo que paso. Conocí al que fue mi marido desde que éramos adolescentes. Juntos íbamos a la escuela y comenzó el cariño. Al cumplir los 20 años, decidimos casarnos y dejamos la escuela. Yo me dedique al hogar y a cuidar a nuestros 3 hijos. Él con la inteligencia que tenía, puso un negocio pequeño, que poco a poco fue creciendo, a tal manera que después abrió varias sucursales.
Siempre estaba en todo lo que se ofrecía y no dudaba en consultarle cualquier cosa, aunque fuera una pequeñez de la casa. Le llamaba y me resolvía el problema.
Fue tanto lo que trabajo, que pronto su cuerpo se acostumbró y ya era muy difícil para el descansar. No aguantaba estar sin hacer nada.
Un día, comenzó a sentirse mal y después de varios días, decidimos acudir al doctor.
Pensamos sería algo sencillo, pero después de exámenes, nos dijeron era “una enfermedad terminal”. Buscamos a muchos doctores y todos confirmaron el primer diagnóstico.
Le quedaba poco tiempo, así que empezó a enseñarme como se manejaba el negocio. Yo no tenía cabeza para aprender y menos con la pena tan grande.
No pasaron ni dos semanas cuando una ocasión no podía respirar. Llamamos a la ambulancia y fue la última vez que lo vi despierto.
Llegó al hospital inconsciente. Un día después falleció.
Quede confundida ¿Que iba a hacer yo sin él? ¡¡Se fue quien me cuidaba y protegía…!!
Fue muy duro porque muchos quisieron aprovecharse y tuve que aprender TODO para sacar adelante a mis hijos, porque si no, nadie nos daría ni para comer. Además, tenía que ser la fuerte para que ellos no se derrumbaran.
Con esa careta fuerte, aprendí que ¡¡Si soy fuerte…!! Logré salir adelante a mis hijos y todos y ellos sacaron una profesión.
Hoy soy una mujer independiente, que sabe protegerse a sí misma. Sentí miedo a tragedias que sólo imaginé y no pasaron. Extraño mucho a mi marido, pero ya no tengo miedo a estar sola, porque ¡¡no lo estoy…!! Me tengo a mí misma y no le temo a lo que venga.

