A principios de agosto del año pasado, en Michoacán, Reyes Aparicio, alias “la parka”, hombre de confianza de Nicolás Sierra Santana, líder de “Los viagras” le dijo a su pareja que el día 11 de ese mes recibiría un dron y un suministro de bombas, y un día después llegaría un experto a Apatzingán para capacitarlo en su uso.
Una vez que el dron llegó a sus manos, realizó un recorrido por la zona de Buenavista, Michoacán, y detectó a un grupo de integrantes de la Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sus enemigos. Inmediatamente se puso en contacto con su jefa para informarle que había localizado al grupo rival y quería autorización para lanzarles los explosivos.
La conversación entre La Parka y su pareja fue captada por personal del Ejército y forma parte de los miles de archivos que tiene el Grupo Guacamaya liberado tras hackear los servidores del secretario de defensa nacional.
Michoacán concentra la mitad de los drones que las autoridades han detectado o asegurado por delitos, según los resultados obtenidos de una base de datos creada para este informe.
Drones, droneros y dronazos se han convertido en parte del nuevo glosario criminal de México, donde vehículos aéreos no tripulados cargados con dispositivos explosivos improvisados (AEI, por sus siglas) se han convertido en una de las armas preferidas para vigilar y atacar a sus rivales.
Los drones ya son parte del arsenal, R-15, cuernos de cabra y cargas explosivas, etc., y son utilizados principalmente por los grupos criminales CJNG, Cárteles Unidos y Santa Rosa de Lima debido a que no son detectables, su neutralización requiere equipos especializados, tienen bajo costo, son fáciles de usar, la legislación es limitada, tienen una navegación precisa y tienen capacidad de carga.

