• Violaciones a prerrogativas fundamentales de migrantes en México
  • La visión de cuatro migrantes centroamericanos en su paso por Chihuahua, México

Texto y fotos: Rodrigo Ramírez Tarango

En México sólo las autoridades en materia migratoria pueden investigar si una persona tiene algún documento que acredite la legal estancia en el país, pero esto exige en todo momento seguir los procedimientos legales y respetar los derechos humanos, de conformidad con el artículo 16.3 de la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares; situación que lamentablemente no siempre se cumple por parte de las autoridades mexicanas.

Cuerpos de seguridad, diferentes a la migratoria en México, persiguen y abusan de personas que buscan mejores condiciones de vida ya sea en esta nación o en Estados Unidos de Norteamérica.

En otros casos, la propia autoridad migratoria persigue y vulnera las prerrogativas de las personas migrantes, ya que les quitan bienes y sólo los trasladan a otro territorio dentro del mismo país, esto para simular que hacen un trabajo de deportación.

Existen en las principales ciudades del México casas del migrante, instalaciones de diferentes capacidades, presupuestos y normatividades. En algunas, buscando cierto orden, se permite la entrada a las personas en tránsito, pero se les impide salir a partir de cierta hora (regularmente por las tardes y noches), algo que provoca la inconformidad de las personas usuarias, quienes o se ven sometidas a esa norma u optan por dormir bajo puentes y otros lugares inseguros.

Por no conocer sus derechos, algunos migrantes ven normal este tipo de encierros y, como es de dominio público, una privación ilegal de la libertad provocó la muerte de 40 migrantes y que otros 27 quedaran con lesiones de por vida en un incendio en la estación migratoria de Ciudad Juárez, Chihuahua, el día 27 de marzo de este año 2023.

Al respecto, y de acuerdo a la Opinión Consultiva número 18 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, se considera discriminatoria “cualquier distinción que no tenga propósito legítimo, o una justificativa objetiva y razonable, y que no guarde una relación de proporcionalidad entre su propósito y los medios empleados”.

El privar de la libertad a personas migrantes en la frontera parecía tener una justificación objetiva y razonable, particularmente por el problema de hacinamiento en los puentes internacionales, pero el fuego en la estación cuarentenaria dejó en claro que se les tenía en calidad de presos, por tanto, ni propósito legítimo, ni justificación objetiva, menos razonable.

A la luz de lo anterior, se aprecia cómo este tipo de violaciones a derechos fundamentales aparentemente pequeñas, llevan a las personas que buscan mejorar su vida en otro país a caminar por brechas, cerros, rúas solitarias, donde algunas veces son víctimas del crimen organizado, que los secuestra para esclavizarlos, como se asume es el caso de 13 migrantes que desaparecieron en diciembre del 2021 de la zona fronteriza de Ojinaga, Chihuahua.

Al respecto, el caso Vélez Loor vs. Panamá, en el que la Corte sienta jurisprudencia sobre lugares y privación de libertad, es claro al establecer que “los lugares de detención deben encontrarse diseñados a los fines de garantizar ´condiciones materiales y un régimen adecuado para su situación legal, y cuyo personal esté debidamente cualificado´, evitando en lo posible la desintegración de los núcleos familiares” y agrega: “En consecuencia, el Estado está obligado a adoptar determinadas medidas positivas, concretas y orientadas, para garantizar no sólo el goce y ejercicio de aquellos derechos cuya restricción no resulta un efecto colateral de la situación de privación de la libertad, sino también para asegurar que la misma no genere un mayor riesgo de afectación a los derechos, a la integridad y al bienestar personal y familiar de las personas migrantes”, situación que, evidentemente en Ciudad Juárez, no fue cumplida por el Estado Mexicano.

Los indicios que llevaron a situaciones tan graves como las narradas, se coligen del testimonio de cuatro personas migrantes, entrevistadas entre los días 6 y 7 de junio en territorio chihuahuense, aproximadamente a 400 kilómetros de la frontera con los Estados Unidos:

Christian Romero, logró evitar ser víctima de secuestro

Con apenas 20 años, la mirada triste, por momentos sombrío, desconfiado y con algo de temor, Christian Ariel Romero Hernández espera una segunda oportunidad para cruzar a los Estados Unidos, pues ha hace pocos días fracasó en su intento en el área de Tijuana-San Diego.

Christian salió de su casa en Villanueva Cortés, San Pedro Sula, Honduras, desde hace dos meses y medio; no tiene familiares ni amigos en los Estados Unidos, pero busca una mejor oportunidad de vida allá, pues en su país no hay trabajo.

Desconoce que tiene derechos humanos como migrante, al respecto de manera parca enuncia: “yo creo que sí, pero no sabría decirle”, “cómo que le den asilo a uno en Estados Unidos o en México”.

A pesar de haber salido sin dinero de su casa, donde dejó a su madre, Christian ya fue asaltado varias veces en su paso por México: “Nos han asaltado, nos quitaron las cosas, dinero que hemos pedido en la calle”, pues camina junto con un amigo, por brechas, calles poco transitadas, evitando ser detenido por las autoridades.

Lo más grave que vivió hasta el día de la entrevista fue en Algodones, Baja California, donde atestiguó el secuestro de cuatro personas, pero se salvó de ser privado de la libertad porque se escondió a tiempo, “nos salvamos por muy poquito, pero los otros compañeros no tuvieron tanta suerte y vimos cómo se los llevaban”.

En la mirada del joven hondureño el sueño de un mejor futuro aún se puede apreciar, pero la dura travesía casi logra apagarlo.

 

Iván Cruz, busca trabajo, en EU o en México

Originario del Departamento Santa Rosa de Copán, Honduras, Iván Cruz Cortés salió hace tres meses de su casa dejando a sus padres, la falta de oportunidades en el campo de su país le obligaron a buscar nuevos horizontes.

A sus 30 años de edad, Iván se muestra como una persona tímida, de hablar inocente, consecuente con quien le dirige la palabra, con tatuajes en sus brazos hacen ver un pasado en el que está marcado su primer apellido y su sino.

Es jornalero y busca como destino Luisiana, Florida o Texas, donde tiene amigos que podrían recibirle, confía.

“Muchos migramos por la cuestión del trabajo, en estas semanas ya me quedé trabajando en otras partes, pero nada que me deje quedarme”, asegura Iván y agrega: “viene con la ayuda de las personas, partes en las que trabajo, me estanco y trabajo una o dos semanas, en el campo”.

Iván Cruz considera que tiene derechos humanos como migrante, pero no sabe cuáles “estoy muy atrasado por ese lado”, dice.

Es la primera vez que busca ir a los Estados Unidos, y en este trayecto lo asaltaron una vez: “me quitaron la mochila en otra parte de México, fue la pura mañana, me sacaron un machete y exigieron la mochila, es todo, nomás por hacer la maldad”.

Iván podría quedarse en México, “Hay partes donde me han dado trabajo, he pensado en quedarme, pero primero le pienso calar a la frontera, pero en caso de que no pueda, o se me ponga difícil a situación, pues buscaría quedarme en México”.

En una bolsa negra de plástico, Iván carga sus pocas pertenencias, también su sueño de una vida mejor.

 

Darwin Chávez, rogó para que no secuestraran a su familia

Darwin Chávez Rojas, de 30 años, ingeniero eléctrico, originario de Medellín, Colombia, viaja con su familia por brechas y cerros, caminando desde hace cuatro meses y medio para buscar un trabajo remunerado que le permita dar sustento y educación a sus hijos.

Entrevistado en un crucero de la ciudad capital del estado mexicano de Chihuahua, Darwin hace una pausa en el lavado de vidrios a los autos, para relatar parte de su travesía: “caminamos todo Chiapas, Oaxaca y Veracruz… vimos mucho secuestro, vengo con mi mujer y mis hijos, pero por un poco no nos salvamos, pararon el tren, comenzaron a bajar gente y les lloramos a los amigos, y gracias a Dios nos dejaron”.

Fue testigo de otras violaciones a derechos humanos, recuerda que cuando viajó en tren por el sur-sureste de México vio como policías obligaron a las personas a desnudarse, “a las mujeres principalmente, los policías, en Oaxaca, pero nos desnudaron todos, parejos, todos, y robos, por parte de los policías, es lo más triste”.

“A un pana de Ecuador le botó la pierna el tren, en Veracruz, porque nos venía persiguiendo la migración”, narra consternado.

Darwin Chávez salió de Medellín con 120 mil pesos colombianos, unos 25 dólares, y asegura salió de su patria “por la crisis, no encontré trabajo, se necesita más un apoyo, muchas palancas para conseguir un trabajo”.

Durante su travesía, Darwin sostiene a su familia realizando pequeños trabajos o pidiendo dinero a las personas “yo pido para un hotel, para que mis hijos no duerman en la calle”, afirma, pero algunas veces, por temor a la autoridad busca sendas solitarias: “por eso caminamos con la familia, porque no traemos los papeles, también caminamos por arriba de las montañas”, dice.

Hace meses salió de Colombia a Venezuela, “Estábamos haciendo instalaciones eléctricas en un campo en Maracaibo, soy ingeniero eléctrico, pero llegaron a robarnos todo, allá está más triste, me metieron 3 balazos”, recuerda y señala la zona del cuerpo donde recibió los impactos.

Cuestionado sobre la posibilidad de quedarse a trabajar en este país, Darwin interpela de inmediato: “en México no quiero, la maldad aquí, he visto videos donde los narcos cortan a la gente, está difícil. Hay que informarse de repente”.

Respecto a sus derechos como migrante, Darwin Chávez afirma conocer algunos: “Sí, sí sé. Para tramitar mis documentos aquí, respirar, creo que es un derecho de todos”.

Pide libre tránsito en los países de Latinoamérica “por lo menos, manito, para no correr riesgo, pues si uno pasara de un autobús a otro autobús, no hubiera tanto secuestro, porque entre lo que uno camina en el monte o en el tren”.

La aspiración de Darwin es, junto con su familia, entrar al programa del CBP 1, lleva igual que los pareceros que le acompañan, la ilusión a flor de piel en esta primera oportunidad de buscar cumplir sus sueños de que su familia crezca en otro país.

 

Óscar García, abusos de la Guaria Nacional

 

Óscar Obdulio García Tejada salió hace tres meses de San Vicente Pacaya, departamento de Zacapa, Guatemala. A sus 45 años busca probar suerte en Estados Unidos, o de plano si no puede, intentará quedarse en México. Es separado y sus dos hijos ya son autosuficientes.

“Salí de Guatemala porque un día de trabajo no alcanza para comer allá”, se gana menos de la mitad que en México y con eso no se compra lo de un día, dijo.

Óscar Obdulio ha batallado mucho en México, su travesía por el país incluye días caminando, días a bordo de trenes, autobuses, y en varias ocasiones sufrió detenciones por parte de la Guardia Nacional, pero no para deportarlo a Guatemala, sólo para enviarlo a una entidad de la República Mexicana diferente, haciendo más difícil lograr su meta.

En ese peregrinar, Óscar llegó a varias casas de migrantes, “la primera en Tenosique, Guerrero, buena casa de migrantes”, recordó, pero también señaló que “otras casas que ofrecen muy poco”; incluso, señala “en algunas casas nos piden quedarnos, a veces hay baño y descanso, en otras sólo hay alimento y hospedaje para algunos”.

“Hay casas que atienden las 24 horas, como decimos en Guatemala, calidad, se pueden repetir comida dos o tres veces”, pero hay otras en las que “nada de teléfonos, lo guardan todo y a la una de la tarde ya no pueden salir de la casa, hasta el otro día, temprano”.

Luego de caminar ocho días por diversos poblados del sur-sureste mexicano, Óscar narra que “en Apizaco (Tlaxcala) hay una estación grandísima, pero ahí caímos en manos de la migra y la otra policía, no sé cómo se llaman ellos (la Guardia Nacional), y nos agarraron luego de haber caminado ese montón. Y ahí dije, será perdido”, y agrega “pero no fue tanto, porque nos llevaron a la estación en Apizaco, nos tomaron huellas y todo, y nos montaron en un busón (autobús). Nos mandaron a Villahermosa (en Tabasco), estaba lejísimos, pero ahí nos dejaron y volvimos a caminar”.

En su experiencia caminando varios estados de la República Mexicana, emocionado dice: “La gente es buena gente, por ejemplo ahí en Villahermosa conseguimos dinero”, y con ello retomaron el viaje.

Respecto de sus derechos como migrante, Óscar Obdulio dice “yo oigo mentar los derechos humanos, que uno puede ir cuando le pase algo a uno, pero no sé meramente información, cómo le pueden ayudar. No sé cómo ayudan ellos a la hora que le pase a uno algo, he oído decir que hay derechos humanos, me imagino yo que así es eso”.

Intuye que tiene derechos, pero no los conoce: “pues mis derechos, le voy a decir de que no, porque cuando le violan a uno los derechos alguna autoridad en los trenes, por ejemplo”, asegura que en su persona no le tocó ser vulnerado, o por lo menos “casi no, aunque sí hay quienes cobran dinero o golpean, pero a mi no me ha tocado nada”, afirmó.

Óscar, receloso, evadió la entrevista en un primer intento, se hizo pasar por oriundo del estado de Sonora, pero conforme transcurrió la conversación informal previa, habló durante media hora de sus experiencias y dejó en claro que buscará paso a paso entrar a los Estados Unidos.

Christian Ariel Romero Hernández, 20 años, Honduras.

Iván Cruz Cortés, 30 años, Honduras.

Darwin Chávez Rojas, de 30 años, Colombia.

Óscar Obdulio García Tejada, 45 años, Guatemala.

 

  • Trabajo realizado en el marco de la Cuarta Edición del Diploma en Derechos Humanos para Periodistas organizado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, junto a la UNESCO, el Programa Estado de Derecho de la Fundación Konrad Adenauer, el Instituto Interamericano de Derechos Humanos y el apoyo de la Comisión Europea.
  • En el Diploma participaron más de setenta periodistas de diversas partes de América Latina y el Caribe, destacándose en esta edición un balance entre periodistas comunitarios, periodistas de medios masivos como radio, prensa y televisión, y periodistas de medios digitales emergentes, que amplió el conocimiento sobre el Sistema Interamericano de Derechos Humanos y el rol de la Corte Interamericana, especialmente para conocer las líneas jurisprudenciales de este Tribunal.
  • Entre los diversos temas tratados estuvieron: graves violaciones de derechos humanos, libertad de expresión, violencia contra la mujer, comunidades en movimiento, discriminación en base a la orientación e identidad sexual, comunidades aborígenes, reparación en materia de derechos humanos y los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.

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