CRÓNICA URBANA: ¡Los muertos corrían! y ándeee ¿Quién cree que estaba entre los que se murieron?

Redacción: Mayré Gómez.

Eran cerca de las 8 de la mañana cuando, llegue a la estación, me subí al camión y me acomode en un asiento. El frio hacía que cerrara los puños y metiera las manos a las bolsas de la chamarra para calentarlas, mientras agachaba la cabeza intentando esconder mi nariz y concentrarme en el “no tengo frio, no tengo frio”.

En la siguiente parada se subió, quien le pondría sabor a ese viaje…Una mujer de unos 60 años, rechonchita, chaparrita, que al parecer se acababa de bañar, porque llevaba el cabello empapado, 2 centímetros de canas en la raíz y luego un tono rojizo, muy peinadita y con un olor a talco “maja”, que me hizo recordar “la talquera” en color rojo que tanto gustaba a mamá.

Se notaba la hiperactividad. Subió casi corriendo, con una bolsita bajo el hombro en la que llevaba, tal vez su dinerito y la tarjeta del camión. Sonrió cuando vio a la señora que iba delante de mí.

–       Doña Consuelo ¿Cómo ha estado? …

–       Muy bien …, ¿Y usted doña Mary?

–       También oiga, pero muy asustada con lo de la balacera del otro día y enfrente de mi casa. Los muertos de aquí para allá y corriendo por los techos y los balazos. La retumbadera, que casi quebraban los vidrios, y el rechinadero de llantas.

Seguro que a varios nos dieron ganas de reírnos con eso de que “los muertos corrían”, pero fuimos respetuosos y chismosos, porque paramos oreja y se hizo un silencio general, para escuchar la historia.

–       ¡Qué barbaridad!, ¿cuénteme como estuvo?

–        Yo andaba “pa con mija”, pero me dijeron que se oía en tooooooda la colonia.

Yo sentada muy disimulada, decía en mi interior, “si cuéntele, cuéntele quiero enterarme del chisme”, y todos los del camión tal vez pensaron lo mismo. Los de adelante orientaban la oreja para atrás y los de atrás mirando hacia donde estaban las dos mujeres.

–       Pues resulta que, ya ve los nuevos que llegaron y rentaron la casa de Doña Lupita, que ya estaba sola la casita desde que murió y los hijos dejaron todo abandonado…Oiga todas las paredes rayadas y las ventanas sin vidrios y hasta le habían robado los cables de luz.

Y todos pensábamos, “ándele Doña, no se distraiga, no se distraiga y platique que paso con la balacera”.

Y lo mismo paso por la mente de Doña Consuelo porque la interrumpió y le dijo

–       ¿y luego Doña Mary con la balacera”.

–       Ah siiii.  Pues que los que se metieron a “juerzas” ahí, empezaron a tener muchas visitas y todos sospechábamos que “VENDÍAN”, y pues resulto que sí, porque el día de la balacera, llegaron unos de una troca y tocaron y cuando abrió el hombre, empezaron a alegar.

–       ¿Y luego?

–       Y yo viendo desde una orillita de la ventana y ándele que sacaron las pistolas, y de adentro salieron otros 2 muchachos y también empistolados.

A Doña Consuelo, casi se le salía los ojos.

–       Y yo pegadita a la pared, dije, por si se hacen los balazos, que no me den. Y que comienza la tronadera. Dios mío de mi vida, unos corrieron por arriba del techo, otros los perseguían y otros tirados en el suelo ya “todos muertos”.

Doña Consuelo se llevó las manos al rostro, como si quisiera eliminar los cachetes.

–       ¿Y qué hizo?

–       Pos me tire en el suelo y gritaba “ay Diosito, calma esta tempestaaaaa y que venga “la polecia”. Tenía miedo se me fueran a meter a mi casa oiga y ande casi no puedo agacharme porque me duelen las rodillas. Pos del susto me metí debajo de la mesa, ¿quién sabe cómo cupe? porque esta chiquita, pero desde ahí le gritaba a mija, “Lore, háblale a la polecia”

–       Y cuando llego la policía ¿les dijo como estuvo?

–       No que va, ¿pa´ que me meto en problemas? De todos modos, no atrapan a nadie.            No salí hasta el día siguiente de mi casa. Nomás desde la ventana me asomaba y veía  muchos ensangrentados. Y las ambulancias y las luces y andeeeeee, me dio tanta lastima, ¿quién cree que también estaba entre los muertos tirados?

–       ¿Quién Doña Mary?.

–       ¿Ya estamos cerca de la Catedral? Si Doña Mary, ésta es la parada. Bueno pues yo me bajo aquí, ahí luego seguimos platicando.

Y se oyó un “ukela” que algún pasajero dijo y esto desencadeno más comentarios como

–       “¿Diga quién? Ándele ¡No nos deje a medias!”.

Doña Mary se rio y apenada queriendo taparse la cara con una mano dijo, “que barbaridad, ¡No sabía que me estaban escuchando!”.

Y junto con Doña Mary, también me baje yo, porque por estar en el chisme, otra vez, se me pasó mi parada.

Baje justo atrás de donde venden pollo frito del general por la calle libertad. Ese aroma que me dejo hipnotizada unos segundos, los suficientes para que dos personas comenzaran a caminar delante de mí y platicaran una tremenda historia de la que me entere… ¿Te la platico? Pues en la siguiente historia te digo todos los detalles…

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