A través de medios nacionales, empresario contó de manera anónima como fue rescatado por un grupo antisecuestro en la ciudad de México. Acusó a policías de Naucalpan que lo subieron a la fuerza a una patrulla y después hicieron las llamadas exigiendo dinero.
Tras la muerte del empresario Iñigo Arenas en un bar de Naucalpan, el directivo de una empresa decidió contar su propia experiencia con policías de ese municipio, a quienes acusó de un intento de secuestro y su caso ocurrió una madrugada de diciembre pasado. “Yo creo que ya basta”, dijo.
Intempestivamente el conductor de un Uber decidió dejarlo sobre la lateral de Periférico, a la altura de Lomas Verdes, en lugar de llevarlo a Interlomas, que era hasta donde estaba contratado el viaje.
Decidió pedir un nuevo viaje, pero no había pasado ni un minuto cuando policías de Naucalpan llegaron y le preguntaron: ¿Qué está haciendo usted aquí? “El Uber me dejó aquí y yo estoy pidiendo otro”, les respondió.
Pese a la explicación, los policías lo acusaron de estar alterando el orden público y a la fuerza lo subieron a su patrulla, le quitaron el teléfono celular y le pidieron la clave para desbloquearlo.
Desde el celular le enviaron un mensaje a su esposa haciéndose pasar por él. Le dijeron que estaba secuestrado.
Fue entonces que su familia se puso en contacto con la Policía de la CDMX y un grupo antisecuestro comenzó a indagar su paradero.
Lo encontraron 12 horas después en los separos de Naucalpan, desde donde ubicaron el uso de su celular.
“Llega (un comandante) y se mete al separo, se mete, porque cuando preguntan por mí, le dicen: ‘no, aquí no está’. Entonces él dice: ‘Sabemos que sí está porque de aquí habló y nos dijo que aquí estaba. Déjenme pasar’. Entonces, el policía de la Ciudad de México entra y grita mi nombre en los separos y yo me acerco y digo: ¿qué pasa? “Y él me dice: ‘¿estás bien? ¿te puedo tomar una foto para que vean que estás bien? Te están buscando por secuestro’”.

